
viernes, 3 de septiembre de 2010
Lecturas de verano (3)

lunes, 30 de agosto de 2010
Lecturas de verano (4)
En realidad esta lectura es una re-lectura, ya que ya la había leído años atrás. Pero cayó en mis manos y me dije que no estaría mal volver a leerla."Une vie" de Guy de Maupassant cuenta la historia de Jeanne, una jovencita ingenua que ha vivido la mitad de su corta vida en un convento, alejada de la realidad. Al cumplir 17 años, es reclamada por sus padres, unos aristócratas que parecen vivir en una perpetua luna de miel. Al salir de ese ambiente aséptico, neutro e irreal se dará de bruces con la realidad. La idea que tiene sobre el amor está originada por lecturas románticas que idealizan las relaciones entre hombres y mujeres y con esa idea en mente se lanza a los brazos del primer hombre que responda a ese patrón.
Feliz por salir del convento, descubre la vida, o la idea que para ella debería tener la vida (casarse con el amor de su vida y pasar el resto de su vida al lado de él, siendo felices y comiendo perdices; tal es el esquema mental que le ha quedado tras la lectura de libros de amores idílicos). Unos padres cariñosos, protectores, no podrán retenerla frente a lo que ella considera el gran amor. Su encuentro con Julien la marca profundamente pero él está muy lejos de ser un personaje recomendable. Tras un breve noviazgo, se celebra la boda con ese hombre del que se siente profundamente enamorada pero del que desconoce casi todo. La escena de la noche de bodas es significativa, emocionalmente hablando. La candidez de la muchacha se lleva un buen varapalo, frente a la experiencia que demuestra tener el recién casado en materia carnal. Y es ahí precisamente cuando ella se da cuenta de que a partir de ese momento, su vida, la vida por ella soñada, se reducirá a un aburrimiento mortal. Con veinte años, y sin nada más que hacer sino vegetar al lado de un hombre que muy pronto se cansa de ella y la engaña esa misma noche de bodas con la criada. El marido infiel se revela también avaro, frío, duro... Y Jeanne añora su vida inocente del convento. ¿Qué esperar de la vida ahora que ya consiguió todos sus sueños?
A partir de ese momento, la melancolía lo invade todo, las primeras desilusiones, el aburrimiento, el distanciamiento de su marido y el descubrimiento brutal de la infidelidad más abyecta cuando sorprende a su marido en la cama de su criada. Muy pronto queda embarazada y su nuevo estado le servirá de excusa para volcar su atención en algo concreto. El hijo se convertirá en su única razón de vivir, llevando su amor de madre hasta extremos insanos. De hecho convertirá a ese hijo en un ser hiperprotegido, caprichoso, voluble y tirano. Mientras tanto, el marido multiplicará sus infidelidades hasta el día de su muerte, causada por el marido despechado de la amante que los descubre y que se toma la justicia por su mano.
La vida continua en ese castillo frío y cada vez más vacío porque el tiempo transcurre y los padres van pasando a mejor vida. El hijo de mamá va creciendo y se convierte en un jugador sin escrúpulos que frecuenta muy malas compañías, como no podía ser de otra forma, dilapidando la fortuna familiar y sumiendo en la desesperación a la madre que cada día se encuentra más hundida anímicamente. El final tan inesperado como insólito sorprenderá a más de uno.
Esta es en síntesis la historia de Jeanne, pintada maravilosamente por Maupassant, que describirá con lujo de detalles su declive personal y degradación psicológica. Aunque se puede afirmar sin ápice de duda que la vida de la gran mayoría de las mujeres de este convulso siglo XIX no difería mucho de de la relatada por el autor. Aunque la búsqueda del amor ideal y de la felicidad tampoco es tan diferente de los tiempos actuales. En realidad, el obtetivo de la esta que fue la primera novela de su autor no es contar una simple anécdota o una historia individual de una mujer de la alta burguesía francesa sino la condición moral de la mujer que no puede evitar ser una esclava de sus propias circunstancias; un simple objeto pasivo y pasajero del marido; un vulgar elemento decorativo que se convierte poco a poco en un ser alienado y desencantado de su propia existencia. Si se hace con una mente abierta de nuestros tiempos nos removerá las tripas, deseando secretamente que Jeanne se revuelva contra su marido, contra las convenciones sociales, contra su situación de pasividad. Porque en realidad el objetivo del autor no es otra que, a través del relato, convertirnos en la protagonista, contagiarnos de sus emociones, sus vivencias y sus reacciones, sufrir sus decepciones y sus angustias y, aunque en raras ocasiones, hacernos partícipes de raros momentos de felicidad y plenitud. Y quedarnos con la última frase de la novela que resume sabiamente la esencia de mismo: "La vida, sabe usted, no es nunca ni tan buena ni tan mala como se cree".
domingo, 29 de agosto de 2010
Lecturas de verano (2)

miércoles, 25 de agosto de 2010
Lecturas de verano (1)
Confieso que cada vez leo menos. O menos de lo que me gustaría. Mis frecuentes viajes al país galo me hacen regresar con un puñado de títulos en el equipaje, de lo que se ha publicado recientemente y, desgraciadamente y cada vez más a menudo, las obligaciones, el trabajo, la casa y las responsabilidades me hace postergar sine die su lectura. Con lo cual la pila de libros sin leer aumenta de trimestre en trimestre. Yo que me leía durante la carrera entre cinco y siete novelas al mes (más por imposición que por placer) he visto reducida drásticamente esa cifra, a pesar de las ansias de leer que nunca me han abandonado. Nada iguala al placer que procura la lectura de un buen libro.Por eso, durante el verano, cuando las susodichas responsabilidades se van reduciendo (o las reduzco yo directamente) aprovecho el dolce far niente para sumergirme en las historias que me han estado esperando. Y este verano me ha regalado días enteros de lectura y de historias todas interesantes e instructivas: "Une vie" de Maupassant, "Je l'aimais" de Anna Gavalda, "Les mots" de Jean Paul Sartre, "L'élégance du hérisson" de Muriel Barbery... que iré comentando una a una.
domingo, 19 de octubre de 2008
Leer a Rilke
Acabo de leer una novelita de Rilke, de la que supe la existencia viendo una película francesa llamada "Clara et moi" (con mi admirado Julien Boisselier), nada del otro jueves. Ya digo que pasaría a los anales de la historia del cine francés como una peli más si no fuera por una la escena en la que el protagonista abre un regalo que le acaba de hacer su padre. Se trata del libro en cuestión. Sentado en un tren, con una voz en off que desgrana lo que copio más adelante, la cámara desvía su atención del rostro del actor para centrarse en la paisaje, verde, frondoso y lejano. No sé si ha sido la voz, las palabras, la escena, el actor, o nada de todo eso, o incluso todo ello en bloque, pero ese momento ha conseguido hacer aflorar en mí oleadas de emoción. La novela se llama "Los cuadernos de Malte Laurids Brigge"."Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimientos hacen las florecitas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está todavía aclarado; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría hecha para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en las habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellas -y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto-. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos de parturientas y de leves, blancas, durmientes paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues los recuerdos mismos no son aún esto. Hasta que se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que, en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso".
Si la película no es gran cosa, la novela en cuestión es una obra de arte. Se trata de una larga meditación poética del autor, concebida como un diario íntimo y que gira en torno a la desaparición de su abuelo. Es un texto muy extraño, en prosa, un tanto desconcertante. A veces bastante hermético. El auto pasó seis años de su vida a redactar estos setenta y un fragmentos que componen este diario. El narrador, Malte, se instala en París. Empieza a escribir un diario (sin fechas concretas) en el cual se aplica en relatar sus dificultades frente a la escritura, sobre la pobreza que le rodea y sobre la omnipresencia del sufrimiento y de la muerte. Entremezcla recuerdos de infancia, en Escandinavia, que bajo su pluma se convierten en evocaciones fantásticas.
Me ha gustado este libro, a medio camino entre novela y diario íntimo: y aborda quizás veladamente una obra autobiográfica. Es el propio Rilke el que asome bajo los rasgos de Malte. Es él quien camina entre la miseria imperante en el París de la época, es él quien no cesa de cuestionarse sobre el papel del escritor, su misión, es él quien ha sufrido en su infancia de no haber sido deseado. De hecho, en uno de los fragmentos, Malte cuenta que cuando era niño, su madre se mostraba triste por no haber tenido una niña. Para complacerla, se travestía y se hacía llamar Sophie. También la madre de Rilke bautizó a su hijo con un nombre femenino: Rainer-Maria.
El estracto que he copiado más arriba es un poco largo tal vez, pero es absolutamente magnífico. Me da la sensación de que esta reflexión de Rilke sobre la necesidad de vivir experiencias, no siempre satisfactorias, a menudo dolorosas, antes de escribir es justa. ¿Cómo escribir si no se ha visto mundo, si no se conoce nada? Es el gran drama de su narrador que intenta, a través de su observación de Paris, emular a los grandes autores como Flaubert o Baudelaire, y sus recuerdos de infancia, recoger fielmente el mundo y transformarlo en palabras.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Los misterios del eneagrama
Estoy leyendo un libro muy interesante a la par que curioso que me recomendó J., que conocí en Hoyocasero en agosto. Se llama "La sabiduría del eneagrama" de Richard Riso.No había oído nada referente a esto del eneagrama hasta entonces, y me pareció algo absolutamente increíble. De hecho, escribo este post incluso antes de haber terminado la lectura del libro, tanto es el deseo de compartir mis impresiones. Voy a intentar hacer una breve semblanza de lo que es y para lo que sirve.
El eneagrama fue investigado en profundidad por un tal Georges Gurdjieff a principios del pasado siglo XX. Se trata de un diagrama con nueve puntos (de ahí su nombre ennea -el número nueve en griego- y gramma -representación gráfica-). Para algunos estudiosos de estas teorías, de lo que se trata es de representar un mapa de la psique humana. Al mismo tiempo, se relaciona cada uno de los nueve tipos de personalidades con uno de los siete pecados capitales(más dos) de los cristianos, las tradiciones sufíes, el Budismo, el hinduísmo y la Kábala. Podría a simple vista parecer materia para mofarse, pero basta decir que el eneagrama se imparte en prestigiosas universidades de todo el mundo. A partir de la publicación del libro de Riso, el eneagrama se dio a conocer al público en general.
Se representa el eneagrama como un círculo en el que se señalan nueve puntos equidistantes distribidos por la circunferencia, y numerados del 1 al 9. Además, se trazan unas líneas entre cada uno de los puntos. Cada número está unido por medio de una línea a otros dos números. De lo que se desprende de cada uno de los números es la posibilidad de conocer las relaciones que todo ser mantiene con los demás. Cosa útil cuando se trata de indagar más a fondo en nosotros mismos. Se abordan aspectos como el intelecto, las emociones, las reacciones, los patrones de comportamiento, etc. en definitiva, la personalidad. Pero no nos equivoquemos; no existen sólo nueve tipos de personalidades diferentes, sino que precisamente porque cada número está unido a otros dos, hay que matizar esos tipos. Es decir, que uno puede tener un gran número de características de un número concreto pero también presentará otras de los números con los que está relacionado.
Y ahora la pregunta del millón: "¿En qué medida el eneagrama de las personalidades puede ayudar al desarrollo personal?"
Según los expertos (y me consta que los gabinetes de psicología más avanzados lo aplican con éxito en sus terapias y cursos), se trata de una vía de aprendizaje, no de una tecnología. En este caso también, el camino importa más que el destino. O dicho de otra forma, el eneagrama no es una panacea para todos los problemas de los humanos. Ser de un tipo u otro no nos dice nada acerca de la historia, la inteligencia, el talento, la honradez, la integridad o el carácter de una persona, pero sí nos dice muchísimo sobre cómo vemos el mundo, los tipos de elecciones que tendemos a hacer, los valores que tenemos, lo que nos motiva, nuestra forma de reaccionar ante otras personas y ante el estrés y muchas otras cosas importantes.
Existen como decía nueve tipos, cada uno de ellos diferenciado por un nombre que ilustra simbólicamente su personalidad: el reformador, el ayudador, el triunfador, el individualista, el investigador, el leal, el entusiasta, el desafiador y el pacificador. Pero, ojo, no hay tipos "buenos" o "malos". Aquí, se trata de comprender la personalidad, tomar en cuenta sus características individuales para entenderla mejor. Cada uno de los números detalla aquellas facetas que son susceptibles de imponerse cuando bajo una determinada influencia, positiva o negativa, reaccionamos (reacción al stress o a las pasiones; reacción en situaciones de confianza o control activo de las pasiones).
Lo dicho, una lectura apasionante. Ya tengo ganas de conocer más sobre mí, mis carasterísticas y la naturaleza de mis reacciones.... aunque ya tengo algún indicio que me hace situarme en un número determinado más que en cualquier otro... Ssshhh.... ya os contaré!
viernes, 19 de septiembre de 2008
Mal de escuela
En uno de mis últimos viajes a Francia, y como en tantas otras ocasiones, compré un puñado de libros. La mayoría de las veces, no llevo ninguna reseña sobre lo último que se ha publicado, así que me dejo llevar por los títulos, las sinopsis o el autor, si ya le he leído anteriormente y me ha dejado buena impresión.En el caso de "Chagrin d'école" (se acaba de publicar en España bajo el título de "Mal de escuela"), me dejé seducir por la temática, en primero lugar: el mundo de la enseñanza, al que pertenezco, y en esto no soy nada objetiva, y en segundo lugar por el autor, Daniel Pennac, uno de los monstruos sagrados de las letras francesas.
El autor, en sus años de escuela, era lo que aquí denominamos un "fracaso escolar". Dura expresión para el que paradójicamente, sería años después un escritor de los más valorados en la escena literaria de nuestro vecino país. Ahora, con más de 60 años, y a través de este libro, nos hace partícipes de sus reflexiones, sus vivencias como niño con profundas deficiencias escolares, sus problemas con las matemáticas, su poco apego a las ciencias y sus diferencias con el propio sistema escolar. Y podríamos preguntarnos, ¿Cómo es posible que de aquel niño con múltiples dificultades haya conseguido llegar al hombre culto y sensible que es hoy? ¿Es la historia de una superación? ¿De un hombre hecho a sí mismo? Pues nada de eso. De hecho, el niño Pennac tenía todas las bazas a su alcance para llegar a ser alguien de éxito desde niño: unos padres educados y preocupados por su educación,unos hermanos mayores brillantes y pendientes del nene pequeño... Sin embargo...
Este punto de partida hace que el lector reflexione de una forma menos superficial. Pero no se trata tampoco de una novela autobiográfica, aunque el autor desgrane uno a uno sus recuerdos de niño y su relación con la escuela, aunque ésta tenga también su papel más o menos definido. El auténtico protagonista no es el niño fracasado, ni el profesor imbuido de su materia ni el alumno bueno que sorprende a su maestro. El auténtico protagonista es el relato de la filosofía que el autor se construye del mundo escolar. Se pasa revista a muchos temas diferentes en este libro. No se trata, en el sentido más concreto de la palabra, de un ensayo filosófico que pretende defender una tesis. Simplemente Pennac expone una idea, aunque más adelante la contradice con un argumento, para seguidamente encadenar otra idea próxima pero sensiblemente diferente. Lo que el autor nos quiere transmitir es una cierta idea de la verdad, de su verdad. Pero no es la única. En ese sentido, el lector se sentirá transportado a recuerdos que él mismo tendrá de sus años de escuela. Esos recuerdos que dormitan y que Pennac señala con dedo firme. Se trata simplemente, si eso puede ser tratado con sencillez, de un tema que nos concierne a todos: la escuela. Todos tenemos experiencias parecidas (o no) a las que cuenta el autor: un profesor, un amigo, una experiencia, una anécdota, un hermano, hermana. Es una novela que nos acaricia el corazón y nos hace volver a sentir percepciones que ya creíamos olvidadas. Y con algo muy profundo en común: lo humano.
Con una palabra simple, fluida, nos hace cercanos a este niño fracasado, con el cual todos y cada uno de nosotros podría sentirse identificado. Un relato narrado con extraordinaria delicadeza, mucho humor y bastante justicia. Se entremezclan reflexiones sobre la pedagogía, el mal funcionamiento de las instituciones educativas, el papel de los padres y de la familia, la juventud, la presencia de la televisión y los medios de comunicación modernos, la sed de conocimientos...
Pennac se ha dedicado, paradójicamente a la docencia toda su vida; así pues conoce perfectamente las dos caras de la realidad escolar y docente. Y ha sido un docente idealista que se ha enfrentado día a día a niños con dificultades, como cuando él las tenía. La lectura de este libro nos llena de nostalgia perfumada de tiza, de pupitres con tinteros, espontaneidad teñida de dudas y dificultades. En resumen: un universo lleno de ternura. La ternura que emana del niño que ha sufrido por encontrarse en un medio al que se siente atado de una forma ambigua. Una reflexión proustiana sobre el paso del tiempo, el paso del niño que fue al adulto en el que se ha convertido y sobre la verdad del ser humano. Cabe resaltar también aquello que nos marcó (y entre los cuales me cuento), a saber: los dictados, los recitados de memoria, el amor por la gramática, etc. Una regalo para la esperanza.
Se agradece mucho un libro como este. A los que tuvimos que pasar por algunas dificultades académicas en algún momento de nuestras vidas, nos resulta alentador no ser considerados como un delincuente. Se agradece el retrato de aquellos alumnos que aunque no alcanzan unos mínimos, no se les culpa de nada. No todos los estudiantes son capaces de entrar en el mismo "molde"; esto es muy difícil de hacerlo entender a los demás, e incluso a veces es duro aceptarlo uno mismo.
Definitivamente, un libro muy aconsejable para todos los profes y para aquellos que piensan dedicarse algún día a la enseñanza. Espero que todos los profes tendrán la ocasión de leerlo y que su mirada será diferente cuando sus ojos se crucen con ese alumno adormilado en el fondo del aula...
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Millás y la soledad
Conocía a Millás de leer cada domingo en la revista del País Semanal sus estupendos artículos, amén de sus crónicas puntuales en el mismo diario. Pero me sorpendió en la primera novela que leía de él.Esto fue antes de irme de vacaciones. Y hace ya días que me apetecía contar mis impresiones sobre su novela "Laura y Julio". Título escueto, conciso pero evocador de lo que podría representar a muchas parejas de hoy en día. El título de mi post es también ilustrativo de uno de los temas que aborda el autor. La soledad del ser humano, en general, y la soledad del Julio del título, en particular. Y lo que es peor, la soledad en el seno de una pareja que al filo de las primeras páginas del relato se va desmembrando. No se llega a saber si la soledad es el resultado de la incomunicación que paradójicamente une a la pareja, o es precisamente la incomunicación lo que provoca en el protagonista esa amarga sensación de soledad. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
Me sumergí en la lectura de esta novela, y los primeros aleteos estuvieron a punto de desanimarme de seguir y terminarla. De hecho, no fue hasta haber buceado en los entresijos de la acción que me di cuenta de hasta qué punto su lectura me había atrapado, así, sin darme cuenta. El resto de la narración me la merendé en dos sentadas. Y el balance que puedo hacer es que me atrapó en una vorágine de emociones.
En la novela, se hacen referencias contínuas a la identidad y a la incomunicación. Respecto a la identidad, el autor abunda en mencionar, con imágenes sugerentes, los vestidos, la apariencia que presentamos a los demás, la percepción que los demás tienen de nosotros: vestirse de dentro hacia afuera, el trabajo en la tintorería, el cuento de la sombra abandonada, la impostura de la decoración que falsea (chimenea falsa, libro falso), los propios decorados de Julio (falsas viviendas para el cine, representadas por maquetas falsas), la frase suya sobre los tejidos (“Comprendió que había tejidos que negaban la existencia del cuerpo y tejidos que, por el contrario, daban testimonio de él”), la moto que se desmonta a medida que Julio se viste de otro e, incluso, la referencia a las ideas que pueden parecer absurdas, como las prótesis psíquicas ("vestimos o desarrollamos un padre interior, un padre invisible, una prótesis de padre"). O la entrega de Laura en comprender los gustos de Manuel: “Leeré”, decía, “los libros que tú decidas leer”; también la música o las películas.
Querer ser el otro, incluso alguien que, como la propia Laura, lo rechazaba en su marido.Vestirse con los gustos del otro. Quizá esté en nosotros la capacidad, la necesidad, innata del mimetismo, de la imitación como un recurso de supervivencia. Queremos vestirnos de realidad. Como dice “...a lo que su vecino respondió que la historia de la humanidad podía resumirse en un combate contra la percepción, creadora infatigable de espejismos”. Vivimos en un decorado, somos nuestra ropa, nos identificamos con ella. “Se había identificado con aquellas prendas de vestir –ahora lo sabía- porque él mismo tuvo siempre algo de traje vacío”. Nos vestimos para salir, para cenar, para la playa, para hacer deporte... disfrazamos el cuerpo con la actividad de las horas siguientes. Nunca como antes tantos estilos de vestir. ¿Para identificarse o para diferenciarse?
Las ausencias, la incomunicación (como en la pareja de protagonistas, donde reside el silencio más tremendo), ¿no serán fruto de un abuso de esos ropajes con los que nos vestimos? ¿Qué pretendemos ocultar con ellos? ¿Nuestros miedos? A veces vivimos esa extrañeza del momento, como si el presente no nos incumbiera. “Tenía la impresión de encontrarse dentro de una película que no le correspondía, de una vida que no era la suya”. A tenor de esas convenciones que nos visten, menciona también Laura que Julio podría ser un loco en potencia hasta que un suceso exterior despertara su demencia. Quizá así comprendamos el aparente absurdo, a priori, de la actuación de Julio. Los disfraces ocutan nuestro verdadero carácter y vamos superponiendo capas de accesorios que nos tapan todavía más. A partir de cierto punto, no somos ni remotamente lo que representamos. Mención aparte merece esas conversaciones de Julio con la niña. Unos diálogos aparentemente (de nuevo la apariencia!) insensatos. Un detalle más de la incomunicación. Las palabras de la niña están restringidas a sus vivencias, no controla las convenciones con las que se visten los discursos de los adultos. Su verborrea incomunica, más que comunica.
Un libro que todos somos en algún momento, no puede haber extrañeza y sí una callada aceptación. ¿Cuándo no hemos querido ser otro, vivir otra vida, vernos con otros ojos? Hay una frase de Manuel, al final del libro, que resume la tesis de la historia: “Desengáñate, la vida de los seres humanos, tanto en su dimensión colectiva como individual, está montada sobre un mito, sobre una leyenda, sobre una mentira, en fin”. El libro es divertido en cuanto tiene una historia curiosa, y un mucho de diversión por las muchas lecturas posibles. Divertido no quiere decir gracioso ni simpático. Es un buen libro y cada uno encontrará dónde quedarse, como en una piscina, donde unos chapotean y otros hacen largos, unos pasan el rato y otros entrenan. En la pileta, como en la vida, como en el libro, todos encontramos nuestro sitio, o quedamos relegados en él.
P.D. Me he regalado "El mundo", la última novela de Millás, que le ha hecho merecedor del último Premio Planeta. A ver qué tal...
viernes, 29 de agosto de 2008
Volver, volver...
Sí, ya he regresado a "casa", como se suele decir. Ha sido largo y todavía me dura el cansancio aunque afortunadamente llego con las pilas cargadas. Tras más de cinco horas y media de interminables paisajes, carreteras, paneles de simbología carreteril a veces indescifrable, y coches adelantándome (jeje, todos terminan por adelantarme... sí, sí, ya sé que dije que no soy Fernando Alonso, y lo suelo cumplir) para finalmente volver al punto de partida.
Hay en cada regreso un punto en común no exento de simbología. Volvemos siempre a nuestro punto de partida, como el asesino vuelve siempre al lugar de su crimen, como si no hubiera más opción que esa. Da igual que la ausencia haya sido de un finde, una semana, seis meses o quince años. Nunca seremos los mismos que cuando decidimos irnos. Hay cambios sutiles, casi imperceptibles en los viajes breves en tiempo. Luego están aquellos que cantaba Carlos Gardel en su celebérrimo tango "Volver", en el que "las nieves del tiempo platearon mi sien".
Volvemos, al sitio que sea, como si quisiéramos recordarnos permanentemente nuestros orígenes, como temiendo un ataque repentino del Doctor Aloïs (Alzheimer, of course). Emana de cada regreso un deseo intrínseco de recuperar algo perdido, que desgraciadamente (a veces) nunca conseguiremos tener de nuevo. No es que se me haya despistado nada en el viaje, conste. Al contrario, como siempre he traido en el equipaje algunas cosas más de las que me llevé. Ya haré un exhaustivo recuento en crónicas posteriores, merced al diario de viaje que he llevado puntualmente.
Estaba recordando aquella película con un John Voight impagable y una enternecedora Jane Fonda, llamada precisamente"El regreso". Sí, definitivamente, cada regreso es un comenzar de nuevo algo, una nueva etapa en la vida. En mi caso, esa etapa se llama curso escolar y se apellida primer trimestre. En otros muchísimos casos, se llamará vuelta a la fábrica, a la oficina, a las tareas del hogar, al parque para compartir horas con los demás jubilados, al bufete de abogado para pedir un divorcio que ya era inevitable... Pero todo será como un nuevo comienzo.
Ya me estoy poniendo pesada. Bueno, lo dicho, que tú también hayas tenido un feliz regreso, y ya, a partir de mañana comienzo las crónicas de un (pequeño) viaje a Asturias. El de Ávila, me lo estoy pensando...
jueves, 7 de agosto de 2008
Los placeres pequeños


En unos tiempos convulsos que nos han tocado vivir, y ahora que empieza a extenderse la filosofía, exportada por los italianos, del slow food, traigo a colación algo que está de alguna manera relacionada con esa buena costumbre de pararse un instante en el fragor de la vida que urge vivir y respirar hondo, con toda la capacidad de los pulmones.
Esto viene a colación porque he vuelto a leer un librito que ya saboreé hace tiempo. Se trata de un maravilloso recorrido por sensaciones breves pero no por ello menos satisfactorias. Esas pequeñas cosas que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos, vivos y felices de estarlo, que nos reconcilian con esos pequeños actos de la vida cotidiana y a los que prestamos relativamente poca atención, precisamente porque son (aparentemente) anodinos.
Se trata de "El primer trago de cerveza... y otros placeres minúsculos" de Philippe Delerm (La première gorgée de bière et autres plaisir minuscules". No exagero si afirmo que la lectura misma de estos 34 placeres evocados por el autor sería el trigesimocuarto. Es una serie de pequeñas reflexiones sobre los placeres simples de la vida. Esos momentos puros de felicidad. Al hilo de esos treintaytantos episodios, el escritor pone el acento, no sin cierta nostalgia, sobre los actos cotidianos, gestos que se han convertido en actos mecánicos... Los recuerdos de infancia afloran como por arte de magia, protagonizados por elementos heterogeneos: guisantes, pasteles árabes, un Banana Split y por supuesto el trago de cerveza del título, que tiene un sabor especial. Con estilo directo, breve incluso, la descripción no se extiende más allá de dos páginas, pero es ampliamente suficiente.
De igual forma, el autor juega con los recuerdos. Es también para el lector un ejercicio de recuerdo de sus propios recuerdos. Ay! La magdalena de Proust... Pero no solamente es un libro que apela a las sensaciones gustativas. Las hay también olfativas. Situaciones en las que los olores juegan un papel fundamental, que huelen a pasado, quietud y despreocupación. Fronteras éstas que delimitan la infancia de la edad de las responsabilidades. Aromas de confituras de manzanas...
Recomiendo vivamente leer este librito en pequeños trozos. Sería un sacrilegio leerlo de una sentada. Se trata básicamente de hacerlo durar lo más posible, como aquellos postres favoritos de cuando éramos niños, que saboreábamos poquito a poquito para que duraran más. Recomiendo también no seguir el orden correlativo de los episodios. Conviene extraerlos al azar. Confíe en su intuición y abra el libro por una página cualquiera y comience a leer...
Entran en el juego de la lectura los sentidos y la nostalgia. He recomendado este libro entre mis conocidos, mis amigos de la carrera, sobre todo en su versión francesa, pero para aquellos que no dominen la lengua de Molière, tengo una buena noticia. Existe una excelente traducción al español a su disposición. Y además, recomiendo que una vez leído, vuelvan a releerlo. Siempre les sacarán más jugo.
Por supuesto que se podrían añadir muchos placeres más a esta ya de por sí exhaustiva colección de momentos únicos. Yo le sumaría unas cuantas más: una sonrisa dada/recibida a un/a desconocido/a que nos tomamos como un regalo inesperado, el secreto de un niño contado en la oreja, el beso del enamorado que no esperábamos... esos pequeños hechos que no son materiales pero que nos parecen también catalogables.
Deja que el libro te hable, te evoque ESA situación en la que te veas reflejado totalmente, en la que te sientas protagonista de la misma. Como si el autor hubiera pensado en ti expresamente para escribirla... Y además, procede que cada cual añada de una forma muy personal todas aquellas cosas que para él/ella signifique también un placer particular.
Espero que puedas degustar este libro con el mismo placer íntimo que cada una de esas situaciones.
A tu salud!
jueves, 31 de julio de 2008
El otro lado de la alambrada

martes, 29 de julio de 2008
Volver, volver, volver....
Estoy leyendo un libro cuanto menos curioso, no sólo por su temática, sino por las similitudes que encuentro en las vivencias de su protagonista, Bernard, y mi propia vida.Se llama "On s'embrasse pas?" (traducción para aquellos que no hablan ni entienden la lengua de Molière: "No nos besamos?") y su autor es Michel Monnereau. Es ésta su segunda novela.
Habla de un retorno a la tierra, a su pueblo, a su familia después de muchos años de ausencia, dedicados a recorrer medio mundo, a vivir experiencias que le hacen duro, cínico e indiferente a su entorno, el de ahora y el de antes. Ha vivido sin apegos, sin muros que le roben la libertad.
La pregunta del millón, y que también se hace el susodicho es "Por qué he vuelto?". El protagonista no termina de explicar el motivo por el cual tras quince años de ausencia, de rodar por esos mundos de dios, desembarca sin previo aviso en ese pueblo de la Francia profunda donde creció. Su hermana y su madre ni siquiera lo reconocen. En cuanto al padre, se entera de que ha fallecido hace algún tiempo. Es la historia de un cuarentañero sarcástico y su familia. Es la historia de un hombre que tomó en su día los caminos embriagadores de la libertad y de unos padres sedentarios que nunca se han planteado efectuar cambios en una existencia monótona y sin sorpresas. Bernard observa a su madre con ojo crítico, en el crepúsculo de su vida; a su hermana, ensimismada en el día a día; a su cuñado, un cabeza cuadrada que no gusta de gente ociosa y con el que tiene algunos enfrentamientos. O incluso a Raymond, un amigo de infancia, que simboliza el éxito rural, con una casa bonita y una esposa sexy.
Durante su larga estancia de naufrago en el pueblo, en la casa de su difunto padre, el tortamundos pasa revista a las situaciones en las que están encerrados todos los personajes, sientiéndose más ajeno si cabe que cuando estaba ausente. (Me recuerda al extranjero de Camus, es como si nada fuera con él). De esta narración en primera persona se detecta un choque entre dos mundos muy diferentes. Pero la visión, y por tanto el relato de Bernard, no es neutro, y creo que simboliza una confrontación consigo mismo. Cada frase que pronuncia pretende ser lapidaria, y creo que lo consigue.
El libro ofrece un sentido del humor agrio, a veces políticamente incorrecto. A algunas situaciones que normalemente rezumarían dramatismo, el personaje les saca punta de forma que parecen hasta cómicas: la escena del entierro, la embolia de la madre... El cinismo de Bernard es a veces incluso molesto, soberbio, como aquél que se sabe superior en todo y a todos los que le rodean.
La novela intenta saldar cuentas con la infancia y sus heridas y abre la puerta hacia el futuro. Una de sus dos sobrinas ya no volverá a ser la misma después de haber conocido a este tío extraño y tocanarices...
