sábado, 11 de octubre de 2008

Un tirano menos

















Allá por el año 95, y después de haber disfrutado, vivido y estudiado como Erasmus nueve meses en la Universidad de Liège, en Bélgica, por esas vueltas que da la vida, me concedieron una beca Leonardo que me permitió hacer unas prácticas remuneradas en Bruselas, en la sede de la oficina europea de la Cruz Roja.

Fueron seis meses frenéticos en los cuales otro becario y yo nos unimos a un equipo multinacional para organizar una conferencia sobre las nuevas formas de loterías en Europa. El evento culminó seis meses más tarde y durante ese tiempo trabajé y conviví muchas horas con gente de varios países. Una de esas personas era F.S. un (por aquél entonces) estudiante de económicas austriaco, y que en la actualidad se ha convertido en un actor de cierto renombre en su país. No me cayó mal en un principio, y puesto que nuestra relación se iba a ceñir a seis meses en una ciudad ajena a ambos, mi relación con él fue siempre de respeto. Pero un detalle en los primeros días de trabajo me hizo distanciarme algo de él. Era seguidor y admirador acérrimo de Haider, el(ahora fallecido)líder de la ultraderecha austríaca.

Y esta mañana, al leer las noticias, me he acordado de él.

Haider ha muerto de madrugada, en un accidente de coche cuando regresaba a su casa en la región de Carelia, que al parecer gobernaba con mano de hierro. Este tipo había colocado a su partido en la lista negra europea por sus propósitos fascistoides, racistas y xenófobos. Su política representaba a la ultraderecha más rancia, de otros tiempos. A pesar de haber sido elegido por la gente de su región, no dejaba de ser una crápula, que se vanagloriaba de ser pro-nazi, que comulgaba con la ideología más abyecta y radical. A aquellos que me quieran dar lecciones de respeto, les diré que no tengo pudor alguno en afirmar que me alegro de esta muerte, que ya tenemos un tirano de menos en el planeta. De hecho, creo que su muerte convendrá a mucha gente. Incluso hay quien dice que es bastante sospechosa...

Todos los días hay accidentes de tráfico y uno lamenta que las muertes se contabilicen por docenas cada semana, como una sangría incesante. Pero en este caso, me da exactamente lo mismo. Desgraciadamente, el hombre ha muerto, pero su política permanece. Este extremo es el único lamento que puedo manifestar.

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