sábado, 21 de agosto de 2010

Comer, beber...

Comer, he comido de (casi) todo; de lata y frío en los camping, algo caliente en las mañanas de más fresquito; "crêpes" y "galettes" de vez en cuando, una noche me tomé una pizza en un restaurante, cerca del camping, ensaladas como la de la foto (de "chêvre" caliente) y hasta un día, que andaba un tanto apurada, en el trayecto de vuelta (dios, qué vergüenza reconocerlo!) en un macdonalds. Pero prometo no hacerlo más! Lo prometo!

La cocina bretona es bastante calórica. De hecho la gente gasta ingentes cantidades de mantequilla (demi-sel, que significa con algo de sal) para preparar las crêpes y las galettes. Las primeras suelen ser dulces (madre mía, qué pecado gordo el untar la nutella encima!) y las segundas, elaboradas con un trigo oscuro llamado "sarrazin" son para echarles dentro ingredientes salados. He probado de las dos, pero francamente, he intentado en la medida de lo posible, obviarlas por el argumento de peso mencionado más arriba. Deshacen en una sartén una nuez de mantequilla y encima echan la crêpe ya hecha. Luego embadurnan la superficie con más mantequilla y finalmente, les echan encima los ingredientes elegidos (puede ir desde un huevo, lo más corriente, a una especie de longaniza de la región, pasando por queso, cebolla, etc.). Lo de la cocacola bretona me dejó de piedra cuando la vi la primera vez. Allí es mucho más popular que la yanki. Y sí, sabe más o menos igual...

Sí, de vez en cuando me tomé algún café crème (la versión francesa del café con leche).

El día en que llegué a Lorient comí cerca del centro en una cafetería lo que véis en la foto. Lógicamente, en un lugar en el que no había ni un turista.

Galette de queso emmental y cebolla. (Esto me lo pedí en un encantador restaurante de Morlaix llamado "La fée Morgane").

Estos caramelos típicos de Nantes se llaman "Berlingots".

Tomando un té aromático con Bea en el barrio "branché" (es decir muy "in", para gente bohemia, artistas, etc.) Trentemoult de Nantes, del otro lado del río.

La expresión "manger sur le pouce" en francés se refiere a comer cualquier cosa o bien de pie o bien en una breve parada de la ruta. Pues bien, de camino a Rennes, me paré en un parque, a orillas de la carretera y me zampé unas rebanadas de pan de centeno y queso de cabra. Buenísimo!

Morlaix

Llegué a Morlaix, no exactamente como turista, sino buscando desesperadamente una asistencia técnica para mi GPS que ya me había estado dando problemas días atrás, hasta que finalmente dejó de funcionar. Y la encontré. Fue un especie de milagro dentro de la situación que me preocupaba relativamente. Mientras me lo reparaban, me pateé la ciudad de arriba abajo, ya que no es muy grande. Visité un par de museos y hasta comí en un encantador restaurante.
El centro histórico depara muchas y bellas sorpresas en forma de edificios históricamente importantes. Para muestra sólo un par de ejemplos: el museo Jacobino y la Maison à Pondalez, que data del siglo XVI.

Y el museo Jacobino de Morlaix, que albergaba en el pasado un monasterio, y que en la actualidad ofrece una amplia colección de elementos tradicionales de la vida bretona, así como una retrospectiva de un pintor contemporáneo de Picasso, Jacques Burel.


Campings en Bretaña

1.- Camping Bocage du Lac (Jugons-Les-Bains)
El primero de los camping en el que estuve se encontraba en Jugon-Les-Lacs, uno de los pocos que están tierra adentro. Grande, espacioso, con parcelas de cien metros, sombreados con árboles frondosos y con un personal muy simpático y atento. Con wi-fi, que es un detalle que me llamó mucho la atención. Tenía piscina e instalaciones para ocio variadas. EL control de entrada y salida se hacía mediante tarjeta electrónica y código de acceso. Un diez en instalaciones y seguridad. Otro diez en tranquilidad.
2.- Camping du Cap Horn - Plouézec

El segundo de los camping en los que estuve fue en Plouézec. Tenía acceso directo a la playa por un sinuoso sendero. Playa, por cierto, de gruesos cantos rodados de granito rosa. Como pude elegir parcela, ya que no estaba muy lleno, me pillé una con césped (como se ve en la foto) y me coloqué la tienda mirando al mar. La encargada tenía un genio bastante sieso. Pero aparte de este futil detalle, el resto fue agradable. Hasta hubo un mini concierto de "biniou" (instrumento de viento típico de Bretaña) la última noche en la que estuve. Tranquilidad, diez. Eso sí, el wi-fi, a precio de oro.


3.- Camping de Primel Trégastel

Finalmente, el tercer camping era muy especial. De entrada, era de propiedad municipal, lo cual se notaba en la tarifa aplicable: realmente mucho más barata que los anteriores. No estaba muy sombreado que digamos. Las parcelas estaban separadas entre sí por simples setos. Los campistas eran mayoritariamente franceses, a diferencia de los otros. De hecho me tocó de vecinos a una versión más cutre si cabe de los "Bidochon", que tuve que soportar en sus interminables discusiones surrealistas (el matrimonio más la suegra). La playa también era de gruesas piedras de granito gris y rosa. Tranquilidad: aprobado justito. La gran ventaja, el wi-fi gratis.


Cap Frehel y Fort La Latte

El Cap Fréhel es uno de los enclaves más bestialmente hermosos que he visitado durante mi periplo bretón. Desde lo alto de su faro se divisa el océano en toda su inmensa crudeza, extensión y profundidad. En las orillas, hasta el horizonte, un mar verde de helechos arborescentes, que diría Umbral da el contrapunto de color.
No muy lejos del Cap Fréhel, y también situado estratégicamente, se erige el Fort La Latte, un castillo en el que se han rodado alguna que otra peli de vikingos. Actualmente de propiedad privada, estuvo mucho tiempo abandonado con lo que los trabajos de rehabilitación le han otorgado una segunda vida muy provechosa, dado el volumen de visitantes que acoge anualmente.

Dinard

Dinard es la ciudad costera más importante de la Costa de Esmeralda, que debe su nombre al color que dicen tiene el océano en determinados momentos, con ciertas condiciones climatológicas. Probablemente no coincidimos porque yo lo vi de un azul profundo, casi oscuro. Debía ser que el día no era el propicio. Es una ciudad muy viva, quizás con menos barrio antiguo que las ciudades ya visitadas, pero igualmente turístico. Tiene fama de tener un turismo de alto nivel, algo así como el San Sebastián español. En esa ciudad se celebra anualmente un festival de música. Y sus costas son famosas por albergar algunas de las casas de veraneo más lujosas que existen en Bretaña.

En el paseo de la playa, se puede contemplar una estatua de bronce que homenajea al rey del suspense, Alfred Hitchcock, que presentó algunos de sus filmes más conocidos al Festival de cine Británico que tiene lugar cada año, a principios de Octubre. De hecho, en la estatua nos lo representan aludiendo a "Los pájaros".


Unas de las señas de identidad de la ciudad son los toldos rayados blanquiazules que la gente instala en las playas para resguardarse del viento. Es un motivo común en las postales que se ofrencen al turista.



El bosque mágico de Brocéliande - Paimpont

Enclave de la supuesta tumba del Mago Merlín. Gentes de todo el mundo recalan aquí para postrarse ante el lugar en el que supuestamente fue enterrado el mago más famoso de la historia. Y es verdad que el ambiente reinante propicia un cierto recogimiento y las sensaciones revelan un aire de misterio entre sus árboles.

El bosque de Brocéliande se encuentra en el centro del territorio bretón. Es una tierra de leyendas y la más conocida o popular de todas es que en este bosque vivió Merlín. Las leyendas en torno a este personaje se multiplican y son muchos los que visitan el museo de leyendas artúricas en el Castillo de Comper.
Bosque en el que la tradición sitúa el hogar del hada Morgana, la medio-hermana de Merlín. Se puede ver en el centro de la imagen el árbol de oro. Se encuentra en el llamado Valle sin retorno. El hada Morgana hacía prisioneros a los caballeros infieles. Justo al lado, se encuentra "Le miroir aux fées" (el espejo de las hadas), un lago de aguas tranquilas.

Dinan

Dinan es una preciosa ciudad con un castillo magníficamente conservado. Precisamente, en el momento en que la visité se celebraban las jornadas de "Murallas medievales" que tienen lugar durante todo un fin de semana. Unos actores aficionados representan acontecimientos históricos de la ciudad. El casco antiguo de la ciudad es particularmente bello, con sus callejuelas empedradas, sus edificios sorprendentemente bien conservados que datan, los más antiguos del siglo XVI y el mencionado castillo.
Además, coincidió que había una exposición sobre Robert Doisneau, uno de los fotógrafos emblemáticos de la historia social y cultural francesa. Fue delicioso recorrer la historia de la sociedad francesa a través de imágenes que cuentan historias cercanas, emotivas y reales como la vida misma. Si tuviera que elegir una sola, me decidiría sin ningún atisbo de duda por la foto del cartel anunciador.